La impredecibilidad del fútbol es central para su atractivo, y los goles de churro forman parte de ese drama, según un reciente artículo de El País. Ni siquiera las estrellas más caras pueden controlar por completo el balón, que sigue siendo un objeto salvaje que se mueve entre 22 pares de piernas. Los goles de churro cuentan igual que los espectaculares, y cuando llegan como autogoles se convierten en la pesadilla de un jugador. Para los aficionados, pueden provocar maldiciones y gratitud en la misma medida; para los rivales, añaden suspense cada vez que el balón se acerca.
En el reciente Clásico entre el Barcelona y el Real Madrid en el Camp Nou el 25 de octubre, señala el artículo, el Real Madrid se adelantó con un gol de churro cuando el balón rebotó en Mbappé tras un mal despeje de Gerard Martín. Lamine Yamal, conocido por su capacidad para driblar a los defensas en el área, falló después una ocasión clara cuando se quedó solo ante Lunin. Esos momentos pueden cambiar el ánimo de un equipo: una parada de penalti puede levantar a un conjunto, un gol de churro puede aliviar la tensión y una ocasión fallada puede aumentar la presión.
El artículo también recuerda la final de la Champions League de 2018, que ganó el Real Madrid. El portero del Liverpool Loris Karius cometió un error importante cuando su saque con la mano rebotó en Benzema y se coló en su propia portería. Poco antes, Karius había hecho una buena parada a un cabezazo de Cristiano, pero después dejó que un disparo flojo de Bale se le escapara entre las manos. El fútbol permite la redención, señala el artículo: Karius fue clave en el ascenso del Schalke en 2025 e hizo paradas memorables ante el Bayern de Múnich el pasado septiembre. Los jugadores pueden pasar de héroes a villanos, o viceversa, incluso dentro del mismo partido.
El artículo también critica el VAR y las pausas de hidratación invernales como interrupciones burocráticas que roban minutos al espectáculo. Sostiene que la justicia que pueda aportar la tecnología no compensa la pérdida de fluidez, y que la belleza del fútbol reside en el impacto impredecible de una fuerza de 75 kilogramos sobre un balón de 450 gramos. La física, incluido el efecto Magnus que hay detrás de los disparos con efecto, puede explicar parte del movimiento, pero el azar, el talento y el estado de ánimo deciden en última instancia el resultado.
Fuentes: El País Deportes.