Los campos de fútbol son lugares donde la gente espera vivir emociones intensas, desde la alegría y el orgullo hasta la ira y la decepción. Pero también se considera que el deporte ofrece un refugio frente a la realidad cotidiana, lo que hace que la muerte en ese entorno resulte especialmente difícil de comprender, según una reflexión sobre la muerte de Jesús de Miguel.
El artículo contrapone la promesa de nuevas oportunidades que ofrece el fútbol —con otro partido o una nueva temporada— a la irreversibilidad de la muerte. Describe el deporte como una fuente de esperanza, de objetivos compartidos y de protección, y señala cómo un accidente puede hacer añicos de forma repentina esa sensación de seguridad.
El texto insta a los lectores a no buscar a alguien a quien culpar. Una colisión entre jugadores que persiguen el balón o intentan evitar el contacto, afirma, puede ser un aspecto imprevisible del fútbol cuyas consecuencias resulten trágicas. El autor sostiene que el duelo ya es lo bastante profundo sin que se atribuya culpa a nadie.
El autor también describe su vínculo personal con Tenerife, forjado hace más de 30 años a partir del apego a la isla y a su club. Ese lazo, señala el artículo, hace que la pérdida se sienta cercana y acrecienta la solidaridad del autor con la familia de De Miguel y con el Club Deportivo Tenerife, incluido su presidente, Felipe Miñambres, y la afición del club.
Fuentes: El País Deportes.