El navegante Amyr Klink ha vuelto a la atención pública con “100 Dias”, una película que recrea su travesía en solitario del Atlántico en 1984. Klink remó desde Namibia hasta Salvador en un catamarán de menos de seis metros de eslora, utilizando las herramientas de navegación disponibles en aquella época.

Una columna que retoma una entrevista anterior con Klink, realizada en torno a la publicación de su libro “Não Há Tempo a Perder”, destaca lecciones de la travesía para quienes afrontan retos exigentes y para la vida cotidiana. El viaje estuvo inspirado en parte por la travesía a remo del Atlántico Norte que el francés Gérard d’Aboville realizó en 1980. Klink admiraba la falta de dramatismo en el relato de d’Aboville y recomendaba humildad al hablar de grandes logros.

Klink ha dicho que los preparativos fueron más complicados que el viaje en sí, y ha descrito el remo como la parte más fácil. En su libro, también calificó de “bizarra” la idea de la travesía de 1984, y dijo que no era ni sensata ni inteligente.

Su enfoque del trabajo en equipo rechaza las divisiones rígidas de estatus a bordo de un barco. Según Klink, cada integrante de la tripulación debe estar preparado para manejar los equipos, y el capitán también debe asumir tareas prácticas, como limpiar el baño. Un líder, sostiene, debe reconocer las fortalezas de cada persona y fomentar la colaboración.

La columna también destaca el consejo de Klink de no depender de la fuerza bruta. Cuando un problema exige un esfuerzo físico considerable, recomienda hacer una pausa para evaluarlo y conservar energía, en vez de arriesgarse a sufrir una lesión o agotarse. También ha descrito la posibilidad de que un barco se hunda como un recordatorio de que las acciones tienen consecuencias reales y de que posponer tareas necesarias puede ser peligroso.

Las reflexiones de Klink también se extienden a Brasil, donde ha criticado la desorganización, los olvidos, la impuntualidad y la reticencia a pensar en el futuro, al tiempo que identifica la hospitalidad como una fortaleza nacional. En otro relato del libro, rechazó la ofrenda religiosa de un amigo durante condiciones difíciles en el mar y explicó que le preocupaba más que su amigo cruzara la cubierta sin protección y pudiera caerse.

Fuentes: Folha Esporte.