El 16 de octubre, como parte del proceso 'Adecuado para el Futuro', la presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI), Kirsty Coventry, anunció la disolución de doce comisiones permanentes. Estos órganos permanentes serán reemplazados por grupos de trabajo ad hoc flexibles y temporales sin mandato de continuidad a largo plazo. Si bien la administración enmarca este cambio como una medida para reducir la burocracia y aumentar la agilidad, la decisión ha generado preocupaciones significativas sobre la gobernanza y la rendición de cuentas dentro del Movimiento Olímpico.
La medida tiene base legal en el Artículo 21 de la Carta Olímpica, que otorga al presidente la prerrogativa de organizar la estructura del comité. Sin embargo, los críticos argumentan que eludir a la Asamblea del COI, el órgano que representa la pluralidad democrática, socava la legitimidad de una reforma estructural tan profunda. Las comisiones eliminadas incluyen aquellas dedicadas a la Igualdad de Género e Inclusión, el Entorno del Deportista, Sostenibilidad y Patrimonio, Educación Olímpica, Derechos Humanos, y Tecnología e Innovación. Estos órganos eran anteriormente responsables de institucionalizar los valores centrales olímpicos.
El momento de esta reestructuración ha atraído escrutinio, coincidiendo con un periodo de intenso debate sobre las políticas del COI. Notablemente, las comisiones de Igualdad de Género y Derechos Humanos habían expresado previamente reservas sobre la reintroducción de la criba genética como requisito para las categorías de competición femenina, una medida aprobada por el COI en marzo. Los observadores sugieren que desmantelar estos foros específicos poco después de que formularan objeciones crea la apariencia de silenciar el disenso en lugar de fomentar la deliberación abierta.
Las preocupaciones también se extienden a la Comisión de Sostenibilidad y Patrimonio, que había trabajado para garantizar la viabilidad a largo plazo de la infraestructura olímpica y prevenir el abandono de las instalaciones. Los críticos advierten que transferir esta supervisión a grupos temporales carentes de memoria institucional podría poner en peligro los futuros esfuerzos de sostenibilidad. Además, el cambio hacia grupos ad hoc plantea problemas de transparencia respecto a su composición, criterios de selección y rendición de cuentas, ya que estos detalles permanecen indefinidos.
La nueva administración parece estar distanciándose del estilo basado en el consenso de la presidencia anterior bajo Thomas Bach. En cambio, el liderazgo actual está adoptando un enfoque más unilateral. Esta tendencia se ejemplifica con el reciente 'marco para una inteligencia artificial confiable en el Movimiento Olímpico', desarrollado junto con la firma de consultoría Deloitte. Los críticos señalan que este documento ofrece recomendaciones genéricas carentes de especificidad para el deporte y que no alcanza los estándares establecidos por la Ley de Inteligencia Artificial de la UE. La antigua Comisión de Tecnología e Innovación, que podría haber proporcionado una supervisión especializada en tales asuntos, ha sido disuelta.
Alberto Carrio Sampedro, profesor de la Universidad Pompeu Fabra especializado en ética y derecho deportivo, destaca que, si bien el Movimiento Olímpico requiere una renovación constante, no debe abandonar valores fundamentales como la paz, la igualdad, los derechos humanos y la sostenibilidad. La trayectoria actual apunta hacia un núcleo reducido de toma de decisiones que opera con transparencia limitada, lo que podría permitir que grupos indefinidos de especialistas establezcan normas que afectan a deportistas y ciudades anfitrionas sin una adecuada supervisión democrática.
Fuentes: El País Deportes.